CODHECUN-0209

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Por qué sucumbimos Los desastres que estamos sufriendo en una guerra que no supieron evitar, ni organizarla, cuando era inevitable, nuestros llamados hombres de gobierno, tratan de explicarlos los verdaderos responsables de tanta desdicha con una razon de pié de banco, como todas las que se ocurre á los menguados cerebros de palaciegos y ministeriales. Según ellos, la única causa del desastre es la desproporcion que existe entre las riquezas, número de habitantes y recursos de toda especie de España y los Estados Unidos. Reconocemos que la desproporcion es enorme; pero nada más lejos de la verdad que esta sea el factor único de lo que ocurre: la causa de tantas catástrofes hay que buscarla en nuestra propia casa, pues los principales autores de las jornadas de Cavite y Santiago no son los buques y los marinos yankees, sino la indiferencia por los asuntos públicos que caracteriza á nuestro pueblo el espantoso desbarajuste de nuestra administracion, la inmoralidad y la ignorancia de nuestros políticos que han hecho inútiles todos los sacrificios del país. Ninguno de los triunfos con que hoy se ufanan nuestros enemigos, los han logrado por la fuerza de sus millones, sus ejércitos ó sus escuadras. Una línea de torpedos ó unos cuantos cañones bien emplazados, habrían hecho imposible la hazaña de Dewey en Cavite, la insurreccion en masa de los tagalos y la pérdida que no puede dudarse, de un imperio colonial con 1.400 islas y ocho millones de habitantes, como consecuencia de aquel imperdonable abandono. Cervera con sus buques en el mar, ó en Cadiz ó en Canarias si el armamento de los cuatro cruceros era como hay derecho á creer por los resultados, una ficcion más de las muchas con que nos ha engañado el gobierno, habría sido mucho más útil que enviándolo, como se arroja un cebo apetitoso, á Santiago para atraer todas las fuerzas yankees á la parte de Cuba peor guarnecida por los españoles y más infestada de la rebeldía, haciendo inevitable, al mandarle salir, el tremendo desastre. Santiago de Cuba con 20.000 hombres de guarnicion, en vez de la mermadísima hueste que allí se le ha dejado al heróico Linares, hubiera sido en la historia de los Estados Unidos una página de horror que les habría curado su manía de glorias militares por el exterminio de su ejército. Esto sólo habría inclinado en nuestro favor la balanza de la guerra y hubiera traido una paz honrosa, pedida por las yankees ó impuesta por Europa; pero nunca mendigada por nuestra humillacion y nuestra ruina. Para conseguir tal resultado bastaba con una inteligencia que dirigiese la campaña, sentido comun para emplear nuestras fuerzas navales en algo más que nuestro daño, y prevision para acudir con tiempo al peligro, en donde se ha presentado y lo ha visto todo el mundo, menos los hombres funestos que nos gobiernan, incapaces de toda empresa que no sea la explotacion del país, las ruindades de la politiquilla personal y la satisfaccion de ruines apetitos, únicos fines del poder para ellos. No ha habido entre esos prohombres una sola cabeza que dirija, no se ha trazado un plan, ni se ha previsto lo más rudimentario. Así todos nuestros elementos tenían que resultar inútiles ó volverse en nuestro daño, como ha sucedido con los buques de combate cuyo triste fin era el único posible, dado el desconcierto con que se les ha empleado, encerrándolos en Santiago y lanzándolos al mar cuando era seguro su total aniquilamiento. Tantos errores tenían que dar el fruto amargo de la derrota y la afliccion que recojemos hoy, siendo más de sentir este horrible resultado si se considera que no se debe al valor y al poder el enemigo, ni á la mala estrella, que es la disculpa eterna de la desidia, sino á la descomposicion de nuestro organismo nacional, próximo á convertirse en un cadáver si antes no se extirpa de raiz todo el sistema de vergüenzas que ha entregado los destinos de la nacion, á los peores y más ineptos de todos los españoles.

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